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El Modelo Económico; Mucho \'ladrillo\', escasa I+D


Economía

Un nuevo modelo / Pese a la promesa de Zapatero, la mayoría de los fondos del Plan E han ido a parar a la construcción. La reconversión no será posible hasta que 45.000 pymes inviertan en innovar.

 
 
 
 
MARÍA VEGA

Hay voluntad y buenas palabras, pero pocos recursos. Así podría resumirse la política económica del Gobierno para cambiar el modelo productivo. Esta asignatura pendiente de la economía española lleva años presente en el discurso del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ya en 2004, la necesidad de apostar por un modelo «basado en la mejora de la competitividad de las empresas y el incremento de la productividad» se recogió en la Declaración para el Diálogo Social. Ahora, la Economía del Conocimiento vuelve a protagonizar su retórica.
Pero los hechos no acaban de reflejar este deseo. Sin ir más lejos, la inmensa mayoría de los recursos del Plan E han ido a parar a los ayuntamientos para financiar obra pública. Mientras, la ayuda a la I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) se sintetiza en deducciones fiscales.
Los datos reflejan que sólo el 12,8% de las empresas españolas innovadoras se acogen a estos beneficios impositivos. Además, para que el modelo basado en el valor añadido tome el relevo de la economía se necesitaría que 45.000 pymes empezaran a innovar y un incremento de la inversión de 6.000 millones, justo el doble de lo que se gastan hoy las empresas.
España necesita un Nokia para cambiar el modelo productivo. El fabricante de móviles finlandés invierte al año casi 6.000 millones de euros en innovación. Con esta cifra, que supondría duplicar la actual inversión privada en I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación), el país lograría la base necesaria para sustentar su crecimiento económico en un modelo productivo y competitivo, según las estimaciones del secretario general de Innovación, dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, Juan Tomás Hernani.
Las grandes compañías españolas, como Telefónica, Repsol o Acciona, tienen clara la apuesta y cada vez destinan más recursos a esta actividad. El problema es que las empresas que forman el tejido productivo del país, es decir, las pymes, no acaban de arrancar en materia de innovación por falta de cultura emprendedora y de liquidez. De acuerdo con Hernani, hay 48.000 sociedades que se declaran en el Instituto Nacional de Estadística (INE) como innovadoras y se necesitarían otras 45.000 para modificar el modelo.
Estas empresas no tienen que ser de alta tecnología o de sectores que desarrollen su actividad en un laboratorio. Identificar la I+D con la I+D+i es un error. La i hace referencia a la innovación, entendiendo por ésta la búsqueda de nuevas formas de trabajo y productos gracias a la ayuda de la tecnología, lo que permite a una empresa ser más eficiente, productiva y competitiva. Por tanto, se trata de una actividad por la que también deben apostar los viejos motores de la economía como la construcción, el turismo o el textil.
«Lo del cambio de modelo en sí mismo es perverso porque lo importante es que crezcan las empresas y es difícil que la subvención pública apoye esto. Lo que sí tendría que hacer el Gobierno es crear un entorno fértil para que crezcan empresas y esto se hace con menos impuestos y facilitando la transferencia de conocimiento de las universidades a las empresas», explica a MERCADOS el director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE), Gregorio Izquierdo.
La ausencia de ese entorno favorable, acompañada del ahogamiento financiero que sufren las pequeñas y medianas empresas, hace que exista consenso entre los agentes en la necesidad de que el Estado inyecte más recursos para que las pymes puedan desarrollar actividades innovadoras.
«El problema es que la inversión necesaria es muy grande, el retorno llega a muy largo plazo y se gobierna por legislaturas», critica a este periódico Ignacio de la Vega, presidente del GEM, el principal informe de actividad emprendedora mundial, y profesor del IE Business School.
El apartado para modernizar la economía del Plan E avala esta teoría, ya que su gran apuesta ha sido inyectar recursos para crear empleo a corto plazo en la construcción.
Frente a los 8.000 millones de euros que ese plan de Zapatero ha provisto para generar empleo mediante la obra pública, los sectores estratégicos para cambiar el modelo productivo sólo han contado con una inversión prevista de 3.000 millones de euros para la creación de nuevos puestos de trabajo. De esa cifra, el Ministerio de Ciencia e Innovación ha obtenido 490 millones de euros, mientras que el resto se ha repartido entre otros ministerios para fomentar el empleo en sectores estratégicos para la nueva economía como la automoción, el medioambiente y las infraestructuras públicas.
Desde la Asociación Española de Parques Tecnológicos, su presidente Felipe Romera, denuncia la falta de imaginación que se ha tenido en la elaboración del Plan E. En España existen 35 parques tecnológicos que generan 130.000 empleos directos (de los que más del 50% son para titulados universitarios) y facturan 18.800 millones de euros al año.
En estos momentos, hay otros 45 en construcción con un presupuesto para las obras de unos 100 millones por parque y una serie de trámites burocráticos pendientes de resolver. «Si se hubieran invertido parte de esos 8.000 millones en acelerar la construcción de los parques, se habría apoyado a las empresas innovadoras a la vez que se podría haber ayudado a la construcción», argumenta Romera.
Además de la inversión antes citada, el Plan E cuenta con otra medida destacada para la innovación. Se trata de la prolongación en el tiempo de forma ilimitada de la deducción fiscal para empresas que inviertan en I+D+i, algo que en 2012 iba a empezar a desaparecer gradualmente.
Sin embargo, el Gobierno parece no confiar demasiado en el éxito de esa medida. La previsión de los Presupuestos Generales del Estado de 2009 es que el coste fiscal para las arcas públicas de la deducción para empresas innovadoras caiga este año un 33,8%, hasta 253,14 millones.
La escasa publicidad de la medida, unida a los trámites burocráticos exigidos para demostrar que una empresa desarrolla I+D+i, hace que de las 48.000 empresas que se declaran innovadoras, sólo el 12,8% soliciten esta ventaja fiscal, explica el ex director de la Agencia Tributaria y socio del Equipo Económico, Salvador Ruiz Gallud. Además, con la crisis «muchas empresas están en pérdidas y no tienen base imponible para desgravar», añade su socia Pilar Platero.
Estas iniciativas no son suficientes para apoyar al tejido productivo del país en el cambio de modelo.
«España sigue teniendo uno de los impuestos de sociedades más altos de Europa», afirma el director del Servicio de Estudios del IEE, que insiste en que en un entorno fértil el sector privado innova por sí mismo.
Otro escollo para el desarrollo de la innovación que ignora el Plan E es la falta de liquidez de las empresas. Según afirma el director de general de la Fundación Cotec para la Innovación Tecnológica, Juan Mulet, el núcleo vital del sistema de innovación español está formado hoy en día por unas 11.000 empresas, cuya supervivencia está amenazada por falta de acceso a la financiación. «Si este núcleo no sobrevive deberemos volver a empezar casi desde donde comenzamos hace más de 10 años», advierte Mulet.
Según el director de Cotec, entre las cosas que los emprendedores echan de menos en el Plan E, destaca alguna medida que estuviera encaminada a facilitar que las empresas dispusieran de capital circulante: «No se trata de subvenciones sino de facilitar que el sector privado se preste dinero».
En la misma dirección, se pronuncia el secretario general de Innovación al afirmar que es prioritario que el capital riesgo, los fondos de inversión y el nuevo Mercado Alternativo Bursátil (MAB) para pymes jueguen un papel más activo para que estas sociedades restablezcan su actividad.
Pendiente desde 2004
En la Declaración para el Diálogo Social de 2004 Zapatero, recién llegado a Moncloa, ya habló de la necesidad de apostar por un modelo «basado en la mejora de la competitividad de las empresas y en el incremento de la productividad». Pero, mientras el ladrillo tiró de la economía, ni políticos ni empresarios se esforzaron por sentar las bases de ese modelo.
¿Qué habría pasado si Zapatero hubiese impulsado de verdad a estas ideas? «Es difícil de saber. Pero, si en los últimos años, el gasto público no hubiera subido tan alto, tendríamos impuestos más bajos y los emprendedores tomarían el relevo del futuro. El problema es que no se ha creado el caldo de cultivo adecuado», dice el director del Servicio de Estudios del IEE.
Para preparar un relevo al viejo modelo, se podría haber apostado por liberalizar sectores para generar competencia, que es uno de los mejores estímulos para la innovación, apostilla el economista.
Con la crisis, la innovación vuelve a estar de moda, pero el plan anticrisis del Gobierno se ha basado más en parches que en medidas de futuro.
En 2010, las cosas podrían cambiar. El Gobierno ha manifestado su intención de fomentar más la I+D+i. En el borrador del Diálogo Social figura el objetivo de dotar un nuevo Fondo de Inversión Local con 5.000 millones. Esta vez para «obras de mejora de la productividad en el ámbito tecnológico, medioambiental y de desarrollo al sistema de atención a la dependencia».

¿Quién tomará el relevo en la nueva economía?
Con rigor, no se puede afirmar qué sector sacará a España de la crisis. Pero los expertos coinciden en que serán las empresas las que definirán la economía del futuro y no los Gobiernos con subvenciones que generan una economía artificial a base de sobrecargar sectores que funcionan.
En lo que todos coinciden es en que, los viejos motores económicos, incluida la construcción, también tendrán un papel destacado en la nueva economía.
También parece inevitable que el mercado laboral español tendrá que cambiar y apostar por la alta cualificación. El país no puede competir en costes con otros rivales internacionales y, para equilibrar la balanza de comercio exterior, hay que aportar valor añadido.
Así, la clave del futuro está en la universidad, que debe colaborar más con la empresa. Se necesita un cambio de mentalidad para entender la carrera universitaria como una parte de la formación, que después tendrá que completarse con las demandas del mercado laboral.

Fuente Información; Elmundo.es